domingo, 21 de octubre de 2007

30 days of night (****)

De la épica de 300, pasando por la sobriedad y el efectismo de Sin City, Hollywood no sólo ha puesto su mirada en el universo narrativo del cómic, sino que reinventa cuestiones formales, como un mecanismo no sólo de adaptación, sino de puro marketing. La personalidad del dibujante se convierte entonces en una seña de identidad de la película, equiparado al propio argumento. Más que ir a ver una historia (en los dos casos anteriores, completamente desnudas de cualquier alarde narrativo) el espectador va a ver una perpetuta viñeta en movimiento, en un lenguaje que, incluso dentro de los propios criterios del cine, es efectivo y coherente.

Era inevitable que la genial obra del dúo Niles - Templesmith llegase a las pantallas. La furia y la perpetua monstruosidad de las viñetas de Templesmith encuentran perfecto acomodo en una puesta en escena compleja, pero efectiva. Los vampiros, pese a que algún despistado pueda tomárselos a risa, reflejan fielmente la potencia descompuesta que Templesmith (como buen heredero de Bill Sienkiewicz) imprime en todo momento. La película se hace eco de esa permanente intranquilidad, incluso cuando bucea en las miradas de los protagonistas. Porque en esencia, la historia nos habla del hombre contra el propio hombre. Del vampiro como un virus que se introduce en el pequeño (y pacífico) pueblo de Barrow, para destruirlo(s).

"¿Por qué coño vives en este pueblo?"

La mirada de David Slade acierta al entender que la brillante narración de Steve Niles no es un mero relato de comunidad siendo atacada. Es un relato sobre la barbarie entrando en nuestros corazones. Como le sucede a Eben (un siempre genial Josh Hartnett), destinado a ser el ejectuor de sus propios compañeros, el virus se introduce en los corazones más nobles, generando la imposibilidad de mirar al futuro. 30 days of night es una gran película, un western en la nieve terriblemente pesimista y que nos avisa de que cuando el mal entra en nuestras casas, el sacrificio es el único camino para que vuelva a salir el sol.

martes, 16 de octubre de 2007

Enamorado de Mulholland Dr.

Ayer fue un buen día. Por fin me aventuré a dar una vuelta por los puntos que tenía pensado de Los Angeles: visitar el cementerio Forest Lawn en Glendale (donde están enterrados Humphrey Bogart o Sammy Davis Jr.), dar un paseo por Hollywood Boulevard y observar todo Los Ángeles desde el mirador de Mulholland Drive. Sin duda, esta última se llevó la palma (del resto hablaré otro día). No es sólo por la mítica que encierra la película de David Lynch, sino por el descubrimiento de lo que es realmente. Era un día nublado, con esa continúa sensación de que está a punto de llover tan seductora. El cielo estaba muy cubierto, y una espesa niebla ocultaba las partes más altas de las colinas. Con este ambiente, me aventuré por la serpenteante carretera de Mulholland. Las casas, sobre planos completamente inclinados, invitan más a pensar en un barrio obrero que en el lujo de la película. Pero hay algo especial. Es como una aldea, completamente separada del tumulto de la ciudad, a pocos minutos de allí. Una vez llegas al mirador, las vistas que tienes de Los Ángeles te dejan alucinado durante varios minutos.

IMGP2724

Tras un rato, me percato de la cantidad de gente que acude hacia allí. Varios coches se detienen cerca de donde he aparcado, y a todos les une una característica: todos salen acompañados por un perro. Y es que, Mulholland Drive, es también el cagadero ideal para los que tienen perro. Es entonces cuando descubrí la parte más maravillosa de Mulholland. Dos sendas conducían, no ladera abajo, sino por los laterales de la colina, internándose una en un bosquecillo y la otra por un camino abierto al valle. Una (la del bosque), era verde y misteriosa, como el camino de un cuento de hadas, en el que siempre está presente lo siniestro.

                     IMGP2753

La otra senda, más abierta, bordeaba la montaña a los largo de 0,7 millas, que no tuve tiempo de recorrer. Y de fondo, en ambas, un denominador común: el silencio. Un silencio que se rompía momentáneamente por el canto de un pájaro, o el movimiento de un animal entre los setos. Un lugar mágico y hermoso, donde respirar aire realmente puro, en la ciudad de los coches. Y para mí, una sorpresa y una invitación a regresar a Mulholland Drive. Puede que con una peluca rubia.

domingo, 14 de octubre de 2007

1408 (*)

Por algún motivo esta película me llamaba la atención antes de llegar a Estados Unidos. Ver a John Cusack como protagonista de una película de terror era un aliciente, pero la trama de Stephen King (la habitación misteriosa de un hotel) traía recuerdos de su interesante novela El resplandor. Es evidente que las adaptaciones de Stephen King han vivido muchas épocas, pero últimamente vivíamos una de las peores. De la misma forma que sus propias novelas, las adaptaciones buceaban más en el lado televisivo y cutre que en el plenamente cinematográfico. Ya ni siquiera enretenían.

 Por Dios, ¿por qué me he metido en este bodrio?

Pues bien, 1408 tuvo bastante éxito en el momento de su estreno en USA, colocándose como la adaptación de Stephen King con un mejor primer fin de semana y la segunda en recaudación total. Algo debía tener esta película y en mi mente meditaba la posibilidad de un regreso bueno de Stephen King. Así que en cuanto pude, me hice con una copia de la película (en 20/20 DVD, donde la vendían de segunda mano por 9$) y me dispuse a pasar una gran noche de miedo. Lo primero que impacta es el estado físico de John Cusack. Parece otro, pero por suerte actúa como siempre. Pese a estar metido en una historia complicada (no precisamente por compleja, sino por lo que puedes perder en el intento), Cusack se deja siempre la piel. Y eso anima durante unos primeros minutos realmente logrados. El guión es ingenioso y te conduce de forma vibrante por la senda correcta: la habitación 1408. La presencia siempre elegante de Samuel L. Jackson no hace más que avivar ese interés. Estás a punto de entregarte. Hasta que por fin entra y la historia desaparece. Por desgracia, comete el gran error de la anticipación y el cumplimiento. Como la cuenta atrás del reloj, la película se ve obligada a mostrar sus cartas demasiado pronto. Y desde luego, el guión va de farol.

¿Se lo dices tú al director o se lo digo yo?

La habitación se convierte más en un derivado de Twister que una auténtica exploración del terror y de la memoria. La habitación está completa y absolutamente vacía, pese a todo el relleno en forma de fantasmas y explosiones que los guionistas tratan de colocar. La película se convierte en una guía de supervivencia más que en una reflexión. Lo que me lleva sin ninguna duda a su referente, El resplandor. Pese a compartir el mismo misterio (en aquella es la habitación 237) las distancias entre lo perseguido y lo logrado son enormes. No es necesario hacer aquí un discurso sobre lo sugerido y lo mostrado, porque es evidente, pero sí que hay que observar la debilidad del espectador en una respecto a la otra. En 1408, el espectador se siente fuerte, consciente de estar pasando una prueba como le sucede a los protagonistas de ambas películas. Pero en El resplandor el espectador es débil, no por el misterio que se esconde (que también), sino porque también duda del propio protagonista. La clave no está en la habitación, sino en todo lo que la rodea. Es una pena que 1408 ni se asome a proponer una buena película de terror. Ni siquiera es terror.

We own the night (***)

Tras varíos días sin comentar mucho, aprovecharé para hacer una breve reseña de uno de los estrenos más anunciados de este fin de semana. We own the night se anunciaba en los trailers como la historia de dos hermanos (encarnados por Joaquin Phoenix y Mark Wahlberg), uno de ellos policía y el otro bastante metido en el mundo de la delincuencia. Una historia que sin duda recuerda sobremanera a The departed, la película que le dio injustamente el Oscar a Scorsese (digo lo de injusto, porque Taxi Driver, Casino o Goodfellas son mucho más merecedoras de la estatuilla). La verdad es que de entrada era una película que no me inspiraba mucha confianza, pero la publicidad y los precios reducidos de las sesiones matinales (6$, unos 4€), me ayudaron a dar el último paso.

                

En primer lugar destacar el gran número de espectadores que asistieron nada más y nada menos que a las 11 de la mañana para ver un thriller policial. No sé si será casualidad o que a esta gente le gusta ir mucho al cine. Ya metidos en la película, lo que destaca es precisamente lo que la hace distinta de la cinta de Scorsese. En lugar de tener dos protagonistas, We own the night se centra en el drama de uno de ellos: Bobby Green (Joaquin Phoenix). El destino de un alma torturada, eternamente destinada a ser el patito feo de la familia nos acerca al personaje de Leonardo di Caprio, pero en lugar de hacerlo receptor de todas las desgracias, lo posiciona también como ocasionante de las mismas, dimesionando más el personaje. Pese a cierta moralina del mensaje final, Joaquin Phoenix sabe captar a la perfección los recovecos y miserias de su Bobby. Maneja su interpretación con muchas tripas, pero también con serenidad, colocando al personaje en el lugar preciso de sufrimiento en cada momento. Su descenso a los infiernos, a la vez que su ascenso incompleto, son seguidos de forma apasionada (y apasionante) por el espectador gracias, no sólo a un guión bastante decente (aunque algo inocente y superficial en algunos momentos), sino también a una tarea de dirección magistral. Sin excesos que empañen el resultado final, el trabajo de James Gray refuerza la potencia de la historia. No es necesario más, simplemente contar esta historia de forma directa. Y eso lo consigue con creces. Mención especial requiere la escena en la que Bobby observa alucinado (y atemorizado) el laboratorio clandestino de droga de los rusos, así como la brillantísima escena de la emboscada.

El empleo del sonido en esas escenas le deja a uno clavado a la butaca. Porque de nuevo, el director se centra en la historia, sin alardes, simplemente maneja el hilo que la emoción de los acontecimientos va creando. Sin más complicaciones. Porque en el fondo (además de todo lo anterior), We own the night es un thriller muy digno, con una trama sencilla y muy bien desarrollada. Pese a algunos momentos débiles en cuanto al guión (el final del jefe ruso es demasiado condescendiente), la película hace alarde de sus virtudes y oculta con eficacia sus puntos débiles. Una película muy recomendable, absorbente y con las magníficas interpretaciones de Joaquin Phoenix y (no creo que haga falta decirlo) Robert Duvall. Lástima que Mark Wahlberg no logre sacar partido de un personaje, ya de por sí, algo flojo (al igual que sucede con Eva Mendes). Una buena película pese a sus limitaciones, que no ofrece nada nuevo, pero que esconde pequeñas sorpresas e interpretaciones muy logradas.

Página Oficial

Añadido: tras varíos días (ventajas de internet y de tener un blog que poca gente lee) de pensar en la película, rectifico mi valoración. Con el tiempo, el fervor del primer visionado deja más paso a dudas que a confirmaciones. Aun así, es una película correcta, en la que Joaquin Phoenix lucha contra molinos de viento. Interesante.

-----------------------------------------------------------------------------------

* Horrible

*** Pasable

***** Excelente

miércoles, 10 de octubre de 2007

Zombis y nachos

Hace dos días, mientras Elena usaba el apartamento para grabar un ejercicio de la academia, decidí volver al cine. Por suerte, en este país, acercarse al centro a ver una película es un ejercicio altamente placentero: fácil aparcamiento (aunque como veréis en la foto, a ciertas horas es bastante siniestro), pocas colas y un ambiente agradable. En este momento debería explicaros que mis costumbres al ir al cine son extrañas. Desde hace tiempo que me gusta, no solo ir sin compañía a una actividad que muchos consideran grupal, sino bucear en las sesiones que podemos denominar "de la Siesta", con ese. La sensación de soledad es brutal, y lo convierte en una actividad cercana al onanismo. Si no lo habéis probado, os recomiendo una sesión de cine en soledad. Tú y la pantalla... nada más. El caso es que cuando llegué a Estados Unidos, lo primero que hice fue ver la cartelera (defecto profesional) y los horarios me llamaron agradablemente la atención. No sólo se anicipaba la primera sesión a las 2 (Dios gracias), sino que además ofrecen un estupendo Matinee 2$ más barato de lo normal.

IMGP2435

Ese fue mi primer contacto con la magistral "Eastern Promises". Pronúnciese Istern Promesis y no como un servidor que quedó como un auténtico catetazo diciendo Istern Promaises. Pero la segunda vez que fui al cine, como comentaba, fue una de las sesiones de las 9.25PM, lo que en España equivaldría a las 11PM por lo menos. Es la que podemos llamar la sesión "de la Fiesta", con efe. Hacía años que no iba a una sesión de estas ni siquiera en mi santo país, y pese a ser lunes, la juventud de agolpaba por parejas (de sexo alterno), o por grupos (de sexo idéntico). Pues bien, quiso la suerte que un buen mexicano de botazas y actitud de "voy-al-cine-por-mis-colegas-pero-a-mi-me-la-trae-floja"se sentara a mi izquierda. Y a mi derecha quiso el destino que un orondo americano, junto a su americana pareja, se sentara a degustar un sabroso plato de nachos. Pensaba que las palomitas eran el colmo de la alimentación, pero el hermoso pack que mi nariz no dejaba de olfatear rompía por completo cualquier norma. Miraba a mi alrededor y no observé la clásica mirada de reprimenda (de esa que ponemos para que los demás desistan de su actitud, pero que en el fondo no valen nada). Pero lo único que veía era indiferencia. La película comenzó y el papeo del buen señor iba en aumento. Un nacho. Salsa. A la boca. Otro nacho. Salsa. Salsa al pantalón. A la boca. Es uno de esos momentos que en España me habrían irritado, pero que aquí me sabían a gloria. Esto es ir al cine. Algo que el mismísimo Godard habría aceptado. Que le den a la película. Yo he pagado por unos nachos con entretenimiento. Y por suerte, yo tuve doble entretenimiento. Por cierto, la película era "Resident Evil: Extinction" y os juro que me gustó. Por desgracia ahora siempre pienso: "¿A qué huelen los zombies? A nachos".

Mamita qué miedo

lunes, 8 de octubre de 2007

The Hollywood sign

Después de una semana, ayer me decidí por fin a acercarme al famoso cartel de Hollywood. El hecho de que esté prohibido subir hasta las mismas letras me había puesto en alerta y todas las veces que había intentado verlo había sido de lejos, en definitiva, unos sonoros fracasos. Pero ayer me decidí a acudir a la dirección del cartel y que fuera lo que Dios quiera. Como es habitual, salgo por Olive para coger a los pocos kilómetros Barham Boulevard. Desde allí, giro a la izquierda por Lake Hollywood en lo que empieza a ser una serie de empinadas y alocadas carreteras. Las casas son bonitas, pero no lujosas, algo que en esta ciudad está muy marcado. Poco a poco presencio una espectacular vista de Los Angeles a la vez que unos hermosos árboles flanquean el camino. Tras una curva, el famoso cartel publicitario se presenta ante mí. A medida que sigo el camino (esperando que en algún momento saliese algún policía para detenerme a base de descargas eléctricas), pienso en la importancia de este icono. Es un lugar de peregrinaje, pero no es lo mismo que ir a algún templo en Roma o a algún museo de París. El cartel de Hollywood es pura iconografía pop. Una obra realizada inicialmente como mero reclamo urbanístico (Hollywoodland), se convierte en un reclamo artístico. Pensando estas cosas, alrededor de lo que consideramos artístico relacionándolo con el fetichismo, llego a un recodo donde es imposible continuar. Un lugar casi desértico e igualmente poblado por gente. Nadie. Desde este punto las fotos son fantásticas, como se puede apreciar, pero la soledad le da un mayor misterio a un lugar que representa la soledad del difícil ascenso a la fama, que es Hollywood. De vez en cuando unos paseantes pasan por la zona... pero desde el sentido contrario. La única indicación de estar en un lugar importante vino cuando una pareja se acercó a pedirme una foto. Pues bien, se la hice, y se fueron. ¡Una foto!

Hasta aquí pude llegar

Cansado tras la foto 156 cogí el coche para volver a casa. Por el camino, hay un mirador estupendo desde el que se observa una maravillosa vista de Los Ángeles y detrás el cartel de Hollywood. En definitiva, una visita que reactiva completamente las pilas por lo que me queda por hacer, que es precisamente lo más complicado. Por suerte, el cartel queda a 10 minutos de casa, así que peregrinaré a menudo, para pedir consejo y buena fortuna.

domingo, 7 de octubre de 2007

American TV

En un país tan grande como este, la diferencia entre local y estatal no es tan grande. Las televisiones "locales" emiten series de gran éxito como Frasier y Seinfeld, algo impensable para nosotros, acostumbrados a que lo local equivale a saldo. En la larga lista de canales disponibles, las series abundan por todos lados y los estrenos se anuncian por todo lo alto en toda la ciudad. La Fox emite emotivas reposiciones de "I love Lucy" por las mañanas o un enorme cartel de "Dexter" preside de forma majestuosa Hollywood Blvd. Las paredes de los estudios de la Warner anuncian productos televisivos y cinematográficos por igual. Aquí la televisión se hace en serio. El oteo día, escuchando un anuncio de un proveeedor de cable, aportaban como muestra de indudable valor de su producto, la posibilidad de ver "Dexter"en el Showtime. Maravilloso. El producto televisivo adquiere una notable dignidad, más allá del "espectador-debe-reconocerse" al que estamos acostumbrados. Aquí triunfa la narración. Pero obviamente, no todo es el glamour de la CBS, la NBC o la Fox. Los canales locales ofrecen, como comentaba, una gran variedad de programación complementaria que para nosotros es de primerísimo nivel. Pero también ofrece lo que podemos considerar "publicidad basura". En este país todo el mundo tiene su oportunidad de venderse, en alguno de los múltiples bloques publicitarios: desde AT&T hasta el taller de la esquina. Y muchas veces se crean extrañas malformaciones en la programación, como el que pongo en el enlace. Al poco de llegar me encontré con esta maravillosa e inexplicable competición de mujeres en bikini. Sí amigos. Mujeres en bikini corriendo como galgos Dios sabe por qué razón y mucho menos para qué. Para llevarse las manos a la cabeza, pero a la vez para fascinarse por una televisión que (en apariencia) bucea en nuestras miserias. Ron Jeremy aparece posteriormente para anunciar un buen pack de películas porno. Bikinis y Ron Jeremy. Dios bendiga la televisión de este país y sus miserias. Al fin de cuentas, si no nos sentimos por encima de la televisión, ¿qué nos quedaría?

sábado, 6 de octubre de 2007

A psychotronic world

La vida da muchas vueltas. Es un tópico, está claro, pero también es una gran verdad. Hoy me acuerdo de un día de hará unos diez años. Vivía en Alicante por entonces y era la época en que estaba más metido en el cine de terror. Que si revistas, fanzines, libros... todo era poco para una mente sedienta de malsana información. Entonces este libro se cruzó conmigo: "The psychotronic encyclopedia of film", de Michael weldon. Este libro (inspiración absoluta de Jesús Palacios) inauguraba el concepto psicotrónico y empezaba a elevar el valor de muchas películas que se medían más por el valor de su disfrute que por su calidad cinematográfica. Ese libro me tenía obsesionado. Bastante. Pero su precio era igualmente alto. Así que empecé a ahorrar. Y a ahorrar. Y a ahorrar. Hasta que por fin, acumulé la cantidad necesaria, con la que salí corriendo a la tienda de turno (Ateneo, para los que os interese). El destino quiso que alguien (probablemente esa misma mañana), me arrebatase el preciado tesoro.

Psychotronic

La brecha se ha cerrado hoy. En Burbank. Diez años después (cifras aproximadas), me he vuelto a encontrar ese maravilloso libro en una de las tiendas más fascinantes que he visitado desde que he llegado. El cartel en la entrada "Movie World", no indica el alcance de su potencial. Varias estanterías, repletas de polvo y de libros polvorientos te dan una acogedora bienvenida. Lo que para otros puede ser la muerte por inhalación de polvo en masa, para mí ha sido una revelación. Libros baratos y con una capacidad de atracción de la que era difícil escapar. Ediciones clásicas de Shakespeare, Beckett, Mamet o, por qué no decirlo, Stephen King. Revistas antiguas como varios Time de los sesenta (el Papa llega a América, rezaba una de ellas) o varios Sport Ilustrated de 1965 te transportan en el tiempo para que no quieras volver. Y entre todas esas maravillas, la obra de Michael Weldon, me llamaba a cambio de 10 miserables 'bucks'. Por suerte no ha salido solo, Garfield, Calvin & Hobbes y Peter Straub le harán sana compañía en mi escritorio. Adoro Burbank y los misterios que esconde.

Maravillas

viernes, 5 de octubre de 2007

Presentación

Ya estoy aquí. Desde hace más de una semana mis carnes se mueven por las calles de esta extraña ciudad. Aunque más que las calles lo que más se pisa en esta ciudad es el acelerador y el freno del coche. Se echan de menos los buenos paseos en Barcelona, pero por suerte el ráfico es fluido y sencillo. Y gracias al GPS ir de un sitio a otro es bastante fácil. Como comentaba, después de una semana me encuentro listo para iniciar la andadura de este blog, donde aprovecharé para hablar de L.A. y especialmente lo que me ha traído aquí: vender dos malditos guiones.

IMGP2371

P.D.: Espero disculpeis la acostumbrada cutrez formal de mis blogs. Es algo que espero poder mejorar estos días...