Después de una semana, ayer me decidí por fin a acercarme al famoso cartel de Hollywood. El hecho de que esté prohibido subir hasta las mismas letras me había puesto en alerta y todas las veces que había intentado verlo había sido de lejos, en definitiva, unos sonoros fracasos. Pero ayer me decidí a acudir a la dirección del cartel y que fuera lo que Dios quiera. Como es habitual, salgo por Olive para coger a los pocos kilómetros Barham Boulevard. Desde allí, giro a la izquierda por Lake Hollywood en lo que empieza a ser una serie de empinadas y alocadas carreteras. Las casas son bonitas, pero no lujosas, algo que en esta ciudad está muy marcado. Poco a poco presencio una espectacular vista de Los Angeles a la vez que unos hermosos árboles flanquean el camino. Tras una curva, el famoso cartel publicitario se presenta ante mí. A medida que sigo el camino (esperando que en algún momento saliese algún policía para detenerme a base de descargas eléctricas), pienso en la importancia de este icono. Es un lugar de peregrinaje, pero no es lo mismo que ir a algún templo en Roma o a algún museo de París. El cartel de Hollywood es pura iconografía pop. Una obra realizada inicialmente como mero reclamo urbanístico (Hollywoodland), se convierte en un reclamo artístico. Pensando estas cosas, alrededor de lo que consideramos artístico relacionándolo con el fetichismo, llego a un recodo donde es imposible continuar. Un lugar casi desértico e igualmente poblado por gente. Nadie. Desde este punto las fotos son fantásticas, como se puede apreciar, pero la soledad le da un mayor misterio a un lugar que representa la soledad del difícil ascenso a la fama, que es Hollywood. De vez en cuando unos paseantes pasan por la zona... pero desde el sentido contrario. La única indicación de estar en un lugar importante vino cuando una pareja se acercó a pedirme una foto. Pues bien, se la hice, y se fueron. ¡Una foto!
Cansado tras la foto 156 cogí el coche para volver a casa. Por el camino, hay un mirador estupendo desde el que se observa una maravillosa vista de Los Ángeles y detrás el cartel de Hollywood. En definitiva, una visita que reactiva completamente las pilas por lo que me queda por hacer, que es precisamente lo más complicado. Por suerte, el cartel queda a 10 minutos de casa, así que peregrinaré a menudo, para pedir consejo y buena fortuna.

1 comentario:
Bueno, mientras no acabes como Peg Entwistle...
Tú no te acerques a la H. Repite conmigo: H maaaaalaaaa, H maaaaalaaaa...
Publicar un comentario