Por algún motivo esta película me llamaba la atención antes de llegar a Estados Unidos. Ver a John Cusack como protagonista de una película de terror era un aliciente, pero la trama de Stephen King (la habitación misteriosa de un hotel) traía recuerdos de su interesante novela El resplandor. Es evidente que las adaptaciones de Stephen King han vivido muchas épocas, pero últimamente vivíamos una de las peores. De la misma forma que sus propias novelas, las adaptaciones buceaban más en el lado televisivo y cutre que en el plenamente cinematográfico. Ya ni siquiera enretenían.
Por Dios, ¿por qué me he metido en este bodrio?
Pues bien, 1408 tuvo bastante éxito en el momento de su estreno en USA, colocándose como la adaptación de Stephen King con un mejor primer fin de semana y la segunda en recaudación total. Algo debía tener esta película y en mi mente meditaba la posibilidad de un regreso bueno de Stephen King. Así que en cuanto pude, me hice con una copia de la película (en 20/20 DVD, donde la vendían de segunda mano por 9$) y me dispuse a pasar una gran noche de miedo. Lo primero que impacta es el estado físico de John Cusack. Parece otro, pero por suerte actúa como siempre. Pese a estar metido en una historia complicada (no precisamente por compleja, sino por lo que puedes perder en el intento), Cusack se deja siempre la piel. Y eso anima durante unos primeros minutos realmente logrados. El guión es ingenioso y te conduce de forma vibrante por la senda correcta: la habitación 1408. La presencia siempre elegante de Samuel L. Jackson no hace más que avivar ese interés. Estás a punto de entregarte. Hasta que por fin entra y la historia desaparece. Por desgracia, comete el gran error de la anticipación y el cumplimiento. Como la cuenta atrás del reloj, la película se ve obligada a mostrar sus cartas demasiado pronto. Y desde luego, el guión va de farol.
¿Se lo dices tú al director o se lo digo yo?
La habitación se convierte más en un derivado de Twister que una auténtica exploración del terror y de la memoria. La habitación está completa y absolutamente vacía, pese a todo el relleno en forma de fantasmas y explosiones que los guionistas tratan de colocar. La película se convierte en una guía de supervivencia más que en una reflexión. Lo que me lleva sin ninguna duda a su referente, El resplandor. Pese a compartir el mismo misterio (en aquella es la habitación 237) las distancias entre lo perseguido y lo logrado son enormes. No es necesario hacer aquí un discurso sobre lo sugerido y lo mostrado, porque es evidente, pero sí que hay que observar la debilidad del espectador en una respecto a la otra. En 1408, el espectador se siente fuerte, consciente de estar pasando una prueba como le sucede a los protagonistas de ambas películas. Pero en El resplandor el espectador es débil, no por el misterio que se esconde (que también), sino porque también duda del propio protagonista. La clave no está en la habitación, sino en todo lo que la rodea. Es una pena que 1408 ni se asome a proponer una buena película de terror. Ni siquiera es terror.

1 comentario:
Bueno, una vez más no he visto la película sobre la que escribiste y de hecho no sabía que hubiesen llevado al cine a 1408. Sí leí el relato de King, que forma parte de Pesadillas y alucinaciones, y me pareció que el autor logró llevar El resplandor a una escala más minimalista sin autoplagiarse demasiado.
Y ya que estamos en el tema, nunca me ha gustado la versión de El resplandor de Kubrick. Podrá haber sido un gran director, pero creo que no captó el sentido de la novela de King; quizá porque el género del terror nunca fue su fuerte, a pesar de haber llevado personajes terroríficos a la pantalla grande. Para mí, la película de Kubrick siempre sale perdiendo cuando se la compara con el libro de King.
Saludos
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