Tras varíos días sin comentar mucho, aprovecharé para hacer una breve reseña de uno de los estrenos más anunciados de este fin de semana. We own the night se anunciaba en los trailers como la historia de dos hermanos (encarnados por Joaquin Phoenix y Mark Wahlberg), uno de ellos policía y el otro bastante metido en el mundo de la delincuencia. Una historia que sin duda recuerda sobremanera a The departed, la película que le dio injustamente el Oscar a Scorsese (digo lo de injusto, porque Taxi Driver, Casino o Goodfellas son mucho más merecedoras de la estatuilla). La verdad es que de entrada era una película que no me inspiraba mucha confianza, pero la publicidad y los precios reducidos de las sesiones matinales (6$, unos 4€), me ayudaron a dar el último paso.
En primer lugar destacar el gran número de espectadores que asistieron nada más y nada menos que a las 11 de la mañana para ver un thriller policial. No sé si será casualidad o que a esta gente le gusta ir mucho al cine. Ya metidos en la película, lo que destaca es precisamente lo que la hace distinta de la cinta de Scorsese. En lugar de tener dos protagonistas, We own the night se centra en el drama de uno de ellos: Bobby Green (Joaquin Phoenix). El destino de un alma torturada, eternamente destinada a ser el patito feo de la familia nos acerca al personaje de Leonardo di Caprio, pero en lugar de hacerlo receptor de todas las desgracias, lo posiciona también como ocasionante de las mismas, dimesionando más el personaje. Pese a cierta moralina del mensaje final, Joaquin Phoenix sabe captar a la perfección los recovecos y miserias de su Bobby. Maneja su interpretación con muchas tripas, pero también con serenidad, colocando al personaje en el lugar preciso de sufrimiento en cada momento. Su descenso a los infiernos, a la vez que su ascenso incompleto, son seguidos de forma apasionada (y apasionante) por el espectador gracias, no sólo a un guión bastante decente (aunque algo inocente y superficial en algunos momentos), sino también a una tarea de dirección magistral. Sin excesos que empañen el resultado final, el trabajo de James Gray refuerza la potencia de la historia. No es necesario más, simplemente contar esta historia de forma directa. Y eso lo consigue con creces. Mención especial requiere la escena en la que Bobby observa alucinado (y atemorizado) el laboratorio clandestino de droga de los rusos, así como la brillantísima escena de la emboscada.
El empleo del sonido en esas escenas le deja a uno clavado a la butaca. Porque de nuevo, el director se centra en la historia, sin alardes, simplemente maneja el hilo que la emoción de los acontecimientos va creando. Sin más complicaciones. Porque en el fondo (además de todo lo anterior), We own the night es un thriller muy digno, con una trama sencilla y muy bien desarrollada. Pese a algunos momentos débiles en cuanto al guión (el final del jefe ruso es demasiado condescendiente), la película hace alarde de sus virtudes y oculta con eficacia sus puntos débiles. Una película muy recomendable, absorbente y con las magníficas interpretaciones de Joaquin Phoenix y (no creo que haga falta decirlo) Robert Duvall. Lástima que Mark Wahlberg no logre sacar partido de un personaje, ya de por sí, algo flojo (al igual que sucede con Eva Mendes). Una buena película pese a sus limitaciones, que no ofrece nada nuevo, pero que esconde pequeñas sorpresas e interpretaciones muy logradas.
Añadido: tras varíos días (ventajas de internet y de tener un blog que poca gente lee) de pensar en la película, rectifico mi valoración. Con el tiempo, el fervor del primer visionado deja más paso a dudas que a confirmaciones. Aun así, es una película correcta, en la que Joaquin Phoenix lucha contra molinos de viento. Interesante.
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* Horrible
*** Pasable
***** Excelente

1 comentario:
Parece interesante, pese a tu conclusión un poco contradictoria. Si tengo ocasión de verla, creo que le daré una oportunidad.
Saludos
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